Saturday, December 27, 2008

El lugar del Arzobispo Francisco Chimoio en la ecología humana

Hace pocos días el Sumo Pontífice de la ICAR, Benedicto XVI, anteriormente conocido como Joseph Ratzinger, dijo unas palabras zalameras donde al mismo tiempo que criticaba la homosexualidad, argumentaba que se preocupaba por la "naturaleza del ser humano como hombre y mujer", que "al igual que las selvas tropicales merecen nuestra protección, el hombre, como criatura, no merece menos que eso" .

Dejando de lado el espinoso tema de las criaturas divinas que no muestran evidencias de órganos sexuales de un sexo sino de ambos (¿Por qué las ha creado Dios así?), o los múltiples ejemplos de casos en que existen órganos sexuales femeninos externos, pero no órganos reproductivos en un individuo con cromosomas masculinos, no es claro que la "naturaleza humana" tenga dos sexos definidos sin espacio intermedio. No es nada claro que no exista un continuo intermedio de variación de género, independiente de la identidad sexual. Por otra parte, incluso si existiesen dos géneros perfectamente definidos, ¿Qué parte de nuestra naturaleza es irrevocable? ¿Es natural que la mujer cocine, planche y no vote ni tenga cuenta de ahorros? ¿Es natural ceder el asiento a las damiselas en los autobuses? ¿Es natural que un hombre se sienta atraído por otro?. Recordemos, por cierto, que la naturaleza es un pésimo referente de moralidad.

Se preocupa Benedicto por el bienestar de la raza y dice que debe ser protegido. Muy bien, ¿por dónde empezar?. Iluso yo, diría que por una condena de guerras, genocidios y actos atroces como los que pasan en Zimbabwe. Pero parece que para inaugurar la ecología humana, la protección del hombre como criatura, el Papa escoge condenar la homosexualidad. Ignoro qué daño hacen dos hombres tomados de la mano o dos mujeres abrazadas, menos daño que un cura pedófilo, en cualquier caso, y menos daño que el personaje que titula esta entrada, el Arzobispo Francisco Chimoio, de Mozambique, quien el año pasado dijo a la prensa que los fármacos antiretrovirales y los preservativos están envenenados y propagan la enfermedad. No se limitó al discurso pro abstinencia tradicional de las diversas denominaciones cristianas, haciendo énfasis en evitar el contagio, sino que se cebó con quienes ya son víctimas de esta atroz amenaza natural llamada VIH. El arzobispo violó uno de los mandamientos fundamentales de su fe ante la prensa mundial, una mentira que si es escuchada tendría mortales efectos, convirtiendo a Chimoio en un genocida, uno que apunta específicamente a matar a quienes no son católicos o quienes están infectados con VIH. Si el Papa de verdad estuviese interesado en defender al ser humano, la excomunión de Chimoio hubiese sido inmediata, casi automática, sin embargo, a un año de sus declaraciones Chimoio sigue esparciendo su veneno desde su encumbrada posición.

Pudiese uno pensar que el Vaticano simplemente actúa con lentitud glacial para procesar este caso, pero la extremada rapidez que tuvo el vaticano en un caso donde Monseñor Tommaso Stenico fue suspendido por afirmar en una entrevista confidencial que era homosexual. Posteriormente Stenico afirmó que mintió (de nuevo violentando los mandamientos) para capturar a los homosexuales de verdad dentro de la Iglesia. Entonces, tenemos el caso donde un hombre afirma ser homosexual y es procesado de inmediato, mientras otro con una mentira que potencialmente puede matar a miles, permanece incólume. Se pregunta uno cual es el lugar del Arzobispo Chimoio en la ecología humana que el ex nazi Joseph Ratzinger concibe.

Les pido a mis lectores católicos que examinen los hechos desapasionadamente y juzguen con su conciencia si los actos del Vaticano se corresponde con actos de una institución guiada por el amor y la compasión, si es justo permitir que en el nombre de la fe de usted, lector, se digan mentiras que matan y se le quite la oportunidad de vivir una vida plena (y de redención, por cierto, un valor muy católico) a millones de personas. Les corresponde a los católicos elevar sus voces contra este demagogo de Mozambique. Si no lo hacen, señores, no se quejen cuando se les acuse de cómplices de esa mentira.

Tuesday, December 23, 2008

Asesinato de Sindicalistas en Venezuela

Tomado de El Libertario:

Venezuela: Sindicalismo entre burocracia servil y sicariato

* En los difíciles tiempos que vive el movimiento obrero venezolano, quizás lo más dramático han sido las acciones criminales que cobran la vida de decenas de sindicalistas, ante la pasividad del gobierno seudo-revolucionario y el silencio de sus admiradores del exterior. Sobre ello habla este texto de El Libertario, # 55, enero-febrero 2009.

En revolución, los sindicatos deben desaparecer… los sindicatos nacieron con el mismo veneno de la autonomía. Los sindicatos no pueden ser autónomos, habría que acabar con eso.”

Hugo Chávez. Discurso en el acto de lanzamiento del PSUV. Caracas, 24-marzo-2007.

La ejecución cobarde de 3 dirigentes obreros del Estado de Aragua, ocurrida el 27/11/08, obliga a poner atención sobre las criminales prácticas que en años recientes vienen convirtiéndose en habituales dentro de lo que queda del postrado movimiento sindical. Como ha ocurrido en otros lugares del planeta, un signo de tiempos de mengua en la militancia laboral es la presencia creciente de procedimientos gangsteriles de toda laya, que empiezan a ser una funesta rutina que agrava aún más la decadencia de las luchas de los trabajadores.

Parte de la evidencia concreta de hasta dónde ha llegado la perversión hamponil dentro del sindicalismo ha sido recogida – en su faceta más tenebrosa, como es el homicidio de activistas laborales – en los informes para los años 2007 y 2008 de la organización de derechos humanos PROVEA www.derechos.org.ve. En base al acopio de lo publicado en la prensa de todo el país, esos informes dan un registro que estimamos muy fiel en hechos relativos al tema que nos interesa, donde destaca un cómputo alarmante: _entre octubre de 2006 y septiembre de 2008 ocurrieron en Venezuela 77 asesinatos de sindicalistas_. Los crímenes han sido fundamentalmente contra militantes ligados a los sectores de la construcción y petrolero, siendo causados en su casi totalidad por el control de los mecanismos para dar empleo en las “contratas” del respectivo sector, que en un alto porcentaje (75 % para construcción) está en manos del sindicato, por lo que quien domine la directiva gremial suele hacerse de lucrativas tajadas vendiendo puestos a quien lo necesite. Vale destacar que en esas pugnas con saldo de muertes ni siquiera hay el añadido de diferencias políticas, pues los bandos enfrentados suelen identificarse con igual fuerza como afectos al oficialismo.

La situación es tan grave que el Informe 2007 de PROVEA afirma que, después de Colombia, somos el país donde hay mas peligro para quien ejerce la actividad sindical. Además, la impunidad y el silencio cómplice acompañan a tan terrible situación. Un reporte de la Vicaria de Derechos Humanos de Caracas – adjunto al Informe PROVEA 2007 – anota que sobre 52 casos recientes de homicidios de sindicalistas, sólo 3 han sido penalmente castigados. Por su parte, las centrales sindicales (sean opositoras, como la macilenta CTV, o afines al gobierno, como la inoperante UNT o la sumisa FSBT), no han hecho ninguna campaña, pronunciamiento o denuncia contundente sobre esta atrocidad. En cuanto a voceros y devotos del chavismo, despachan el incómodo tema, si es que se ocupan de él, atribuyendo la situación a los omnipresentes complots del Imperio en alianza con la patronal local, alegato paradójico considerando que en construcción y en petróleo quien no labora directamente para el sector oficial, casi de seguro trabaja para alguien que está contratado por el Estado. Tampoco podía faltar la clásica respuesta gubernamental cuando se desea desatender un asunto espinoso: en 2007 se decretó una Mesa de Alto Nivel contra la Violencia Sindical, de la que al poco tiempo ya no se supo más nada.

La gangsterización avanza

Al vil asesinato de Richard Gallardo, Luís Hernández y Carlos Requena lo rodean circunstancias que apuntan a una escalada en la presencia de usos criminales en el medio sindical. Sus familiares y compañeros cercanos en luchas obreras y comunitarias, desde un primer momento expresaron que la principal sospecha como responsables en ordenar la masacre recaía sobre burócratas sindicales y líderes político regionales, ligados al oficialismo (en concreto: el alcalde de la ciudad de Villa de Cura y su hermano, cacique de gremios chavistas). Esa presunción incluso fue recogida en diversos medios de difusión, particularmente porque era proclamada por muchos y a viva voz en las diversas movilizaciones y protestas realizadas en la región en los días subsiguientes al hecho, donde una consigna repetida era la denuncia al “sicariato sindical”, en cuanto modalidad impulsada por burócratas corruptos para eliminar a activistas que entorpeciesen sus negocios sucios. En este caso específico, los tres eran militantes de un grupo trotskista que ha logrado alguna implantación en la zona (por ejemplo, Hernández era Secretario General del sindicato de la Pepsi en Villa de Cura, donde logró 3.816 votos como candidato a Alcalde). Ese grupo – cuya referencia más conocida a nivel nacional es el sindicalista Orlando Chirino – ha venido en los últimos 2 años abriendo distancia crítica frente al oficialismo, lo que unido a las denuncias y acciones que venían impulsando en Aragua los convirtió en un obstáculo para las mafias regionales ahora acusadas por la voz popular.

Para acrecentar la sospecha, está también el turbio manejo que el gobierno y sus acólitos han hecho de este crimen: sus portavoces callaron hasta que - 4 días después - Chávez mencionó lo ocurrido, insinuando una borrosa responsabilidad de empresas extranjeras y paramilitares (¿?¡!), lo cual se sustentaba en que los fallecidos habían ido ese día a brindar su solidaridad a los trabajadores de una empresa de propiedad colombiana. De ese o similares cuentos se alimentó la versión oficial – coreada con ardor por los fans internacionales de la “revolución bolivariana”- que cambió cuando el Ministro del Interior anunció la captura del autor material de los homicidios, diciendo que la causa del hecho era pelear por el control del contrato colectivo en la industria de gaseosas. Esto indignó a los deudos, al presentar el asesinato como un vulgar “ajuste de cuentas”, aparte que el inculpado por las muertes – un trabajador de Pepsi - sería un chivo expiatorio, pues diversos testigos lo ubicaban en su sitio de trabajo al momento del suceso. Como broche de oro, el nuevo gobernador chavista de Aragua, que no había dicho nada, al fin abrió la boca para asegurar que no permitiría más protestas sobre el asesinato, pues tenía informaciones precisas en cuanto a que esas manifestaciones servían a los propósitos de un plan desestabilizador (de nuevo ¿?¡!). Lo otro ha sido, como cabe suponer, decretar una Comisión Oficial que se ocupará de estudiar el asunto…

www.nodo50.org/ellibertario

ellibertario@nodo50.org


Monday, December 22, 2008

Nunca, jamás, por nada del mundo olvidemos



En estas fechas de barrigas llenas y familias cercanas no olvidemos que en un paisucho africano la gente bebe literalmente agua de mierda, sin sistema hospitalario, con la inflación más alta del planetay brutalidad policial rampante, dirigida a miembros de la oposición, mientras el estado en lugar de satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, los usa de rehenes. En ese país Robert Mugabe ha dicho "Zimbabwe es mío", mientras miente descaradamente acerca de las cifras de la epidemia de cólera y sus lacayos lanzan excusas risibles acerca de guerra bacteriológica.

No nos permitamos olvidar, a pesar de toda la distracción y la retórica, que este engendro, vil tirano, déspota, psicópata, reina en un país que se cae a pedazos y en el que su palabra es ley. Qué pasa por su mente y que beneficio obtiene, lo ignoro, supongo que se alimenta de la miseria, el temor y la adulación. Pero, sobre todo, no olvidemos que este maldito ejemplo de lo oscuro de la condición humana, porque tanto usted como yo, lector, podríamos comportarnos de ese modo en las circunstancias correctas y con los necesarios ajustes de la química cerebral (pero, ¿seguiríamos siendo equivalentes a quienes somos ahora?), no dejemos caer en el olvido que Mugabe tiene en su poder una copia de la espada de Bolívar otorgada por Chávez en persona.

Es una suerte que el más allá no exista, en estos casos donde se violenta de tal modo un legado tan rico como el de Bolívar, asociandólo con un psicópata genocida disociado de la realidad como Mugabe. Si en este gobierno hubiese conciencia y vergüenza, se darían cuenta que el gobierno de Zimbabwe calza perfectamente con aquellas lineas de nuestro "glorioso" himno nacional: "El vil egoísmo que otra vez triunfó". Una pena que el día de la gloria luzca lejano para la cansada, enferma, aterrorizada y vejada población de Zimbabwe.


La fábula del dragón tirano

“La fábula del dragón tirano” Nick Bostrom

[Spanish translation of “The Fable of the Dragon-Tyrant,” Journal of Medical Ethics, 2005, Vol. 31, No. 5, pp 273-277]

Translated by Pierino Forno

Había una vez un dragón gigantesco que tiranizaba el planeta. El dragón era más grande que la más grande de las catedrales, y estaba cubierto de gruesas escamas negras. Sus ojos brillaban con la luz bermeja del odio, y de sus terribles fauces brotaba un flujo incesante de baba verdosa y fétida. El dragón exigía a la humanidad un tributo espeluznante: para satisfacer su apetito desmedido, cada día al ponerse el sol diez mil hombres y mujeres debían ser entregados al pie de la montaña donde vivía. A veces el dragón devoraba a estos pobrecillos en cuanto llegaban; a veces los encerraba en la montaña, donde languidecían durante meses o años antes de ser finalmente devorados.

El sufrimiento causado por el dragón tirano era incalculable. Además de los diez mil que diariamente sufrían una muerte horrenda, estaban sus madres, sus padres, sus esposas, sus maridos, sus hijos y sus amigos, que seguían viviendo sólo para llorar la pérdida de sus seres queridos.

Algunos intentaron combatir al dragón, pero si fueron valientes o necios no es fácil decir. Sacerdotes y magos lanzaron infructuosos anatemas. Guerreros lo atacaron, armados con rugiente coraje y las mejores armas que los herreros pudieran forjar, pero acabaron incinerados por su fuego antes de que pudieran acercársele. Químicos destilaron infusiones tóxicas, y valiéndose de ardides lograron que el dragón las bebiese, pero el único efecto aparente fue estimular aun más su apetito. Las garras, las fauces y el fuego del dragón eran tan efectivos, su escamosa armadura tan impenetrable, y su ser todo tan robusto, que lo hacían invencible ante cualquier ataque humano.

Al ver que derrotar al tirano era imposible, los humanos no tenían otra opción que obedecer sus comandos y pagar el pavoroso tributo. Los elegidos para morir eran siempre ancianos. Aunque las personas mayores fuesen tan robustas y vigorosas como las más jóvenes, y a veces más sabias, se pensaba que por lo menos habían gozado de unas cuantas décadas de vida. Los más adinerados podían granjearse una breve prórroga sobornando a las patrullas de reclutamiento que venían en su busca; pero por decreto constitucional nadie, ni aun el mismo rey, podía postergar indefinidamente su turno.

Los hombres espirituales intentaban consolar a aquellos que sentían miedo de ser devorados (prácticamente todos, aunque algunos lo negasen públicamente) prometiendo una nueva vida tras la muerte, una vida que estaría libre del azote del dragón. Otros oradores argumentaban que el dragón tenía un lugar en el orden natural de las cosas, y el derecho moral a alimentarse. Decían que era parte del sentido mismo de ser humano el acabar en la panza del dragón. Otros más sostenían que el dragón era bueno para la especie humana, pues limitaba el crecimiento de la población. No se sabe en qué medida los apesadumbrados hombres se dejaban convencer por estos argumentos. La mayoría intentaba conformarse no pensando en el triste fin que los esperaba.

Esta desesperada situación duró por muchos siglos. Ya nadie llevaba la cuenta de los muertos acumuladas, ni de las lágrimas vertidas por sus deudos. Las expectativas habían ido ajustándose paulatinamente, y el dragón tirano había llegado a convertirse en una de las cosas de la vida. En vistas de la evidente futilidad de cualquier resistencia, los intentos de matar al dragón habían cesado. Los esfuerzos se concentraban ahora en aplacarlo. Si bien el dragón ocasionalmente incursionaba en las ciudades, se comprobó que al entregarle puntualmente en la montaña su cuota de vidas, se reducía la frecuencia de estas correrías.

Sabiéndose bajo la permanente amenaza de convertirse en pasto para la fiera, la gente comenzó a tener hijos más tempranamente y más seguido. Era común que una chica, al cumplir dieciséis años, hubiese ya concebido. Las parejas engendraban a menudo hasta una docena de hijos. De esta forma se evitaba que la población humana menguase, y que el dragón estuviese hambriento.

A lo largo de estos siglos el dragón, bien alimentado, creció y creció, lentamente pero sin pausa. Había alcanzado ya casi el tamaño de la montaña que lo cobijaba. Y su apetito había aumentado en proporción. Diez mil cuerpos humanos no bastaban ya para llenar su panza. Ahora exigía ochenta mil, que debían ser entregados al pie de la montaña cada tarde al ponerse el sol.

Lo que mantenía ocupada la mente del rey, más que las muertes o el dragón mismo, era la logística de reunir y transportar tanta gente a la montaña cada día. No era tarea fácil.

Para facilitar el proceso, el rey hizo construir una vía férrea: dos cintas rectas de reluciente acero que conducían a la guarida del dragón. Cada veinte minutos, un tren llegaba al terminal de la montaña abarrotado de gente, y regresaba vacío. En las noches de luna los pasajeros del tren, si éste hubiese tenido ventanillas por donde asomarse, habrían podido ver frente a ellos la doble silueta del dragón y de la montaña, y un par de ojos carmesí como los rayos de dos gigantescos faros que indicasen el camino a la aniquilación.

El rey empleaba un gran número de sirvientes para administrar el tributo. Había secretarios de registro que llevaban la cuenta de quiénes correspondía enviar. Había recolectores de gente que eran enviados en carros especiales a recoger a los designados. Viajando a menudo con pasmosa velocidad, se precipitaban con su carga a una estación del ferrocarril o directamente a la montaña. Había funcionarios que administraban las pensiones para las familias diezmadas e incapaces ya de mantenerse. Había calmadores que viajaban con los condenados camino a la montaña, intentando aliviar su angustia con licores y drogas.

Había, además, un equipo de expertos dragonólogos que estudiaban formas de hacer más eficientes estos procedimientos logísticos. Algunos dragonólogos también llevaban a cabo estudios sobre la fisiología y el comportamiento del dragón, y recogían muestras – escamas caídas, baba que rebasaba sus fauces, dientes perdidos, excrementos moteados con fragmentos de huesos humanos. Todo ello se anotaba y archivaba escrupulosamente. Mientras más se sabía acerca de la bestia, más se confirmaba la percepción generalizada de su invulnerabilidad. Sus negras escamas, en particular, eran más duras que cualquier otro material conocido por los hombres, y parecía no haber modo de hacer siquiera un rasguño en su armadura.
Para financiar todas estas actividades, el rey cobraba elevados tributos a su pueblo. El gasto asociado al dragón, que ya constituía un séptimo de la economía, crecía con mayor rapidez que el dragón mismo.

La humanidad es una especie curiosa. De vez en cuando alguien tiene una buena idea. Otros copian la idea, añadiéndole sus propias mejoras. Con el tiempo, se desarrollan muchos sistemas y herramientas sorprendentes. Algunos de estos dispositivos – calculadoras, termómetros, microscopios y los frascos de vidrio que usan los químicos para hervir y destilar líquidos – sirven para facilitar la generación y el ensaye de nuevas ideas, incluyendo ideas que hacen más expedito el proceso mismo de generar ideas.
De esta forma la gran rueda de la invención, que giraba casi imperceptiblemente en las eras remotas, comenzó paulatinamente a acelerar.

Los sabios predijeron que llegaría un día en que la tecnología permitiría a los humanos volar y hacer muchas otras cosas asombrosas. Uno de los sabios, que gozaba de gran prestigio entre los demás sabios, pero cuyos modales excéntricos lo habían convertido en un marginado social y en un ermitaño, llegó incluso a predecir que la tecnología haría posible algún día construir un artefacto que pudiese matar al dragón tirano.

Los académicos del rey, sin embargo, desecharon tales ideas. Dijeron que los humanos eran demasiado pesados para volar, y que en todo caso carecían de plumas. Y en cuanto a la imposible noción de que algún día se pudiese matar al dragón, los libros de historia referían cientos de intentos, ninguno de los cuales había tenido éxito. “Todos sabemos que este hombre tenía algunas ideas irresponsables”, un académico de las letras escribió más tarde en el obituario para el sabio misántropo, que para entonces ya había sido enviado a ser devorado por la misma bestia cuyo fin había predicho, “pero sus escritos eran bastante entretenidos, y tal vez deberíamos agradecer al dragón por hacer posible el interesante género de la literatura anti-dragón, que tanto nos revela sobre la cultura de la angustia existencial”.

Mientras tanto, la rueda de la invención seguía girando. Muchas décadas después, los humanos efectivamente volaron y lograron muchas otras cosas asombrosas.

Unos cuantos dragonólogos iconoclastas comenzaron a argumentar en favor de un nuevo ataque contra el dragón tirano. Matar al dragón no sería fácil, decían, pero si se pudiese inventar un material más duro que la armadura del dragón, y si con semejante material se pudiese fabricar una especie de proyectil, entonces tal vez la hazaña sería posible. Al comienzo las ideas de los dragonólogos iconoclastas fueron rechazadas por sus pares sobre la base de que no existía material más duro que las escamas del dragón. Pero tras dedicar años de trabajo al problema, uno de los iconoclastas logró demostrar que una escama de dragón podía ser perforada por un objeto elaborado con cierto material compuesto. Muchos dragonólogos que antes se habían mostrado escépticos se unieron ahora a los iconoclastas. Los ingenieros calcularon que con ese material podría fabricarse un enorme proyectil, y se podría lanzar con fuerza suficiente para penetrar la armadura del dragón. Sin embargo, producir las cantidades necesarias de ese material compuesto sería muy costoso.

Un grupo de varios ingenieros y dragonólogos eminentes envió una petición al rey solicitando fondos para construir el proyectil anti-dragón. En el momento en que fue enviada la petición, el rey estaba ocupado conduciendo a su ejército a luchar contra un tigre. El tigre había matado a un granjero, para luego desaparecer en la jungla. Por los campos cundió el temor de que el tigre pudiese salir y atacar nuevamente. El rey hizo rodear la jungla y ordenó a sus tropas que se abrieran paso a través del follaje. Al término de la campaña, el rey anunció que los 163 tigres de la jungla, incluyendo supuestamente al tigre asesino, habían sido cazados. Con el alboroto de la guerra, sin embargo, la petición se había extraviado o había sido olvidada.

Los solicitantes enviaron entonces una nueva petición. Esta vez recibieron respuesta de uno de los secretarios reales, diciendo que el rey consideraría su solicitud una vez que finalizara la revisión del presupuesto anual para la administración del dragón. El presupuesto de ese año era el mayor hasta esa fecha, e incluía la financiación de una nueva vía férrea hasta la montaña. Se consideraba necesario contar con una nueva vía férrea, pues con el aumento del tráfico la vía existente ya no daba abasto (el tributo exigido por el dragón tirano había aumentado a cien mil seres humanos, que debían ser entregados al pie de la montaña al caer la tarde). Sin embargo, cuando el presupuesto fue finalmente aprobado, llegaron noticias de una plaga de serpientes que infestaban una remota aldea. El rey tuvo que partir con urgencia para movilizar su ejército y cabalgar al encuentro de esta nueva amenaza. La petición de los antidragonistas quedó archivada en algún estante polvoriento del sótano del castillo.

Los antidragonistas se reunieron nuevamente para decidir qué hacer. El debate fue animado, y se prolongó hasta bien entrada la noche. Era casi el amanecer cuando finalmente resolvieron llevar el asunto ante el pueblo. Durante las semanas siguientes viajaron por todo el país, dieron conferencias públicas, y explicaron su propuesta a todo aquel que quisiera escuchar. Al comienzo las personas se mostraban escépticas. Les habían enseñado en la escuela que el dragón tirano era invencible, y que los sacrificios que exigía debían ser aceptados como parte de la vida. Pero cuando se enteraron del nuevo material compuesto y de los diseños del proyectil, los ciudadanos se precipitaron en masa a las conferencias antidragonistas. Algunos activistas comenzaron a organizar manifestaciones públicas para apoyar la propuesta.
Cuando el rey, a través de los periódicos, se informó de estas reuniones, convocó a sus consejeros y les pidió su opinión al respecto. Le informaron acerca de las peticiones enviadas, pero le dijeron que los antidragonistas eran unos revoltosos cuyas enseñanzas instigaban a la sublevación. Era mucho mejor para el orden público, decían, que la gente aceptase la inevitabilidad del tributo al dragón tirano. La administración del dragón era fuente de muchos empleos, que se perderían si el dragón era ultimado. No cabía esperar beneficio social alguno de la conquista del dragón. Como fuere, las arcas reales estaban casi vacías tras dos años de campañas militares, y por los fondos destinados a la segunda vía férrea. El rey, que en ese momento gozaba de gran popularidad por haber domeñado la plaga de serpientes, escuchó los argumentos de sus consejeros, pero le preocupaba perder parte del apoyo popular si ignoraba ostensiblemente la petición de los antidragonistas. Decidió entonces convocar a una audiencia pública. Destacados dragonólogos, ministros de estado y miembros del público interesados fueron invitados a participar.

La audiencia se llevó a cabo el día más oscuro del año, justo antes de las vacaciones de Navidad, en el salón más grande del castillo real. El salón rebosaba de público, y la gente se apretujaba en los pasillos. Había en el aire un hálito de solemne seriedad normalmente reservada para las cruciales sesiones de tiempos de guerra.

Tras dar a todos la bienvenida, el rey dio la palabra al principal científico del bando antidragonista, una mujer cuyo rostro reflejaba una expresión seria, casi severa. La mujer procedió a explicar en un lenguaje sencillo cómo funcionaría el dispositivo propuesto, y cómo se podría fabricar la cantidad necesaria de material compuesto. Si se contaba con los fondos solicitados, la labor podría llevarse a cabo en unos quince o veinte años. Con fondos mayores podría hacerse quizás en tan sólo doce años. El éxito, sin embargo, no estaba garantizado. Los asistentes seguían con atención sus palabras.

El siguiente en hablar fue el real consejero para la moralidad, un hombre cuya voz resonante llenaba sin esfuerzo el recinto:
“Supongamos que esta mujer está en lo correcto por lo que respecta a la ciencia, y que el proyecto es tecnológicamente factible, aunque no me parece que esto haya sido demostrado. Ahora ella quiere que nos deshagamos del dragón. Supuestamente, se considera con el derecho de no ser engullida por el dragón. ¡Vaya testarudez! ¡Vaya petulancia! La finitud de la vida humana es una bendición para todo ser, lo sepa o no. Eliminar al dragón, a primera vista tan conveniente, socavaría nuestra dignidad humana. La dedicación a la empresa de matar al dragón nos apartaría del camino que nos lleva a cumplir las aspiraciones que constituyen la finalidad natural de nuestras vidas, que no es mantenernos vivos, sino vivir en plenitud. Es indigno – sí, indigno – que alguien desee prolongar tanto como le sea posible su vida mediocre, sin ocuparse de la pregunta superior, que es cómo debemos usar la vida. Por eso os digo que es la naturaleza del dragón el devorar seres humanos, y la naturaleza propia de nuestra especie se cumple cabal y noblemente cuando somos devorados…”

El público escuchó respetuosamente al condecorado orador. Tan elocuente fue su discurso que resultaba difícil resistir la sensación de que tras él se celaban profundos pensamientos, aunque nadie pudiese discernir con precisión cuáles eran. Ciertamente, las palabras de tan distinguido asesor del rey debían contener una substancia profunda.

Era el turno de un sabio espiritual que gozaba del más amplio respeto, tanto por su bondad y gentileza como por su devoción. Cuando se dirigía al estrado, un niño de entre el público gritó: “¡El dragón es malo!”

Los padres del niño, rojos de vergüenza, comenzaron a acallarlo y reñirlo. Pero el sabio dijo: “Dejad que el niño hable. Es probable que sea más sabio que un viejo tonto como yo.”

Al comienzo el niño estaba demasiado asustado y confundido para moverse siquiera. Pero al ver la sonrisa genuinamente amistosa en el rostro del sabio y su mano extendida, la asió obediente y siguió al sabio hasta el estrado. “Aquí tenemos a un valiente jovencito,” dijo el sabio. “¿Tienes miedo del dragón?”

“Quiero a mi abuelita,” dijo el niño.

“¿El dragón se llevó a tu abuelita?”

“Sí,” respondió el niño mientras las lágrimas se asomaban a sus ojos grandes y asustados. “La abuelita me prometió que me enseñaría a hacer galletas de jengibre para la navidad. Me dijo que haríamos una casita de jengibre y hombrecillos de jengibre que vivirían en ella. Entonces vino esa gente de blanco y se la llevaron al dragón… El dragón es malo y se come a la gente… ¡Quiero a mi abuelita!”

El niño lloraba ahora con tal desconsuelo que el sabio se vio obligado a entregarlo a sus padres.

Muchos otros hablaron esa noche, pero el simple testimonio del niño había pinchado el balón de retórica que los ministros del rey habían intentado inflar. El público apoyaba a los antidragonistas, y al finalizar la audiencia hasta el mismo rey había reconocido la justicia y humanidad de su causa. En sus palabras finales, dijo simplemente: “¡Hagámoslo!”

Cuando la noticia se esparció, las celebraciones estallaron en las calles. Los que habían promovido la causa antidragonista brindaron y bebieron por el futuro de la humanidad.

A la mañana siguiente, mil millones de personas despertaron y se dieron cuenta de que su turno llegaría antes de que el proyectil estuviese listo. Fue el punto de quiebre. Mientras que antes sólo un reducido grupo de visionarios apoyaba activamente la causa antidragonista, ahora se había convertido en la primera prioridad y preocupación de todos. El concepto abstracto de “voluntad colectiva” había adquirido una intensidad y una nitidez casi tangibles. Mediante concentraciones masivas se reunía dinero para el proyecto y se intimaba al rey a aumentar el monto de la financiación estatal. El rey respondió a estos llamados. En su discurso de Año Nuevo, anunció que aprobaría nuevos decretos para incrementar los fondos destinados al proyecto; además, vendería su castillo de veraneo y parte de sus tierras para aportar un considerable donativo personal. “Pienso que esta nación debe comprometerse a alcanzar, antes del fin de esta década, el objetivo de liberar al mundo del flagelo inmemorial del dragón tirano.”

Comenzó así una gran carrera tecnológica contra el tiempo. El concepto de un proyectil antidragón era simple, pero convertirlo en realidad exigía resolver una miríada de problemas técnicos menores, cada uno de los cuales exigía a su vez gastar tiempo en docenas de pasos, algunos de ellos en falso. Se dispararon misiles de prueba que se estrellaban contra el suelo o volaban erráticamente. Un accidente trágico se produjo cuando un misil fuera de control fue a dar contra un hospital, matando a varios pacientes y empleados. Pero el rumbo estaba trazado, y las pruebas continuaron incluso cuando aún se rescataban cuerpos de entre los escombros.

A pesar de contar con financiación casi ilimitada y del trabajo incesante de los técnicos, el plazo establecido por el rey no se pudo cumplir. La década llegó a su fin y el dragón seguía vivo y coleando. Pero los esfuerzos se acercaban a la meta. Un prototipo de misil había sido lanzado exitosamente. La producción del núcleo, fabricado con el costoso material compuesto, concluiría a tiempo para instalarlo en la versión corregida y mejorada del misil. Se programó el lanzamiento para la víspera de Año Nuevo del año siguiente, exactamente al cumplirse doce años de la inauguración oficial del proyecto. Ese año, el regalo de Navidad más vendido fue un calendario que contaba los días faltantes para el Magno Evento, y las ganacias obtenidas se destinaron al proyecto misil.

El rey había sufrido un proceso de transformación personal, y no era ya el que solía ser, frívolo y despreocupado. Ahora pasaba tanto tiempo como le era posible en los laboratorios y en las plantas de producción, estimulando a los trabajadores y alabando su esfuerzo. A veces llevaba un saco de dormir y pasaba la noche en el suelo de un ruidoso taller. Incluso estudiaba e intentaba comprender los aspectos técnicos del trabajo, pero siempre limitándose a entregar apoyo moral y evitando inmiscuirse en asuntos técnicos o administrativos.

Siete días antes del Año Nuevo, la mujer que casi doce años antes había presentado el caso en favor del proyecto, y era ahora su principal ejecutiva, llegó al castillo real y solicitó una audiencia urgente con el rey. Cuando el rey recibió su nota, se excusó con los dignatarios extranjeros que de mala gana había invitado a la cena de Navidad anual, y se dirigió a toda prisa al despacho privado donde lo esperaba la científica. Como era ya habitual, estaba pálida y consumida por las largas horas de trabajo. Esa noche, sin embargo, el rey creyó percibir también un atisbo de alivio y satisfacción en sus ojos.

Dijo ella que el misil estaba preparado, el núcleo instalado, que todo había sido revisado tres veces, que estaban listos para el lanzamiento, y le preguntó al rey si contaban con su venia para proceder. El rey se hundió en el sillón y cerró los ojos, enfrascándose en sus pensamientos. Lanzar el misil esa misma noche, con una semana de anticipación, significaba salvar las vidas de setecientas mil personas. Pero si algo salía mal, si erraban el blanco y el misil se estrellaba contra la montaña, sería un desastre. Habría que comenzar nuevamente a construir un núcleo, y el proyecto se atrasaría unos cuatro años. Se quedó allí sentado, en silencio, durante casi una hora. Finalmente, cuando ya la científica creía que se había quedado dormido, abrió los ojos y dijo con voz firme: “No. Regrese usted al laboratorio. Quiero que revise y vuelva a revisar todo de nuevo.” La científica no pudo contener un suspiro; pero asintió y se marchó.

El último día del año estaba frío y nublado, pero el viento estaba en calma, ofreciendo buenas condiciones para el lanzamiento. El sol se estaba poniendo. Los técnicos pululaban por doquier, haciendo los ajustes finales y revisándolo todo por última vez. El rey y sus más cercanos consejeros observaban desde un tablado cercano a la plataforma de lanzamiento. Más allá, tras una reja, una gran cantidad de público se había reunido para observar el magno evento. Un gran reloj mostraba el tiempo restante: faltaban cincuenta minutos.

Un consejero le dio al rey un golpecito en el hombro para llamar su atención y le señaló la reja. Algo estaba ocurriendo. Al parecer, alguien había saltado la reja y corría hacia el tablado donde se hallaba sentado el rey. Los guardias pronto le dieron alcance, lo esposaron y se lo llevaron preso. El rey volvió a dirigir su atención a la plataforma de lanzamiento y a la montaña en la distancia. Frente a la montaña podía distinguir la silueta oscura del dragón, tumbado sobre un costado, comiendo.

Unos veinte minutos después, el rey se sorprendió al ver al hombre esposado aparecer nuevamente a corta distancia del tablado. Le sangraba la nariz, y lo acompañaban dos guardias. El hombre parecía enloquecido. Cuando divisó al rey, comenzó a gritar a voz en cuello: “¡El último tren! ¡El último tren! ¡Detened el último tren!”

“¿Quién es este joven?” preguntó el rey. “Su rostro me es familiar, pero no logro identificarlo. ¿Qué es lo que quiere? Permítanle que se acerque.”

El joven era un empleado subalterno del ministerio de transportes, y la razón de su frenesí era que se había enterado de que su padre iba en el útimo tren a la montaña. El rey había ordenado que el tráfico de trenes continuara normalmente, temiendo que cualquier alteración pudiera hacer que el dragón abandonara el campo abierto frente a la montaña donde pasaba la mayor parte del tiempo. El joven imploró al rey que emitiese una orden de regreso para el último tren, que debía llegar al terminal de la montaña cinco minutos antes de la hora señalada.

“No puedo hacerlo,” dijo el rey. “No puedo correr ese riesgo.”

“Pero los trenes a menudo se atrasan cinco minutos. El dragón no se dará cuenta. ¡Os lo suplico!”

El joven se hallaba arrodillado ante el rey, implorándole que salvara la vida de su padre y de los otros mil pasajeros a bordo del último tren.

El rey dirigió su mirada hacia abajo, y vio el rostro suplicante y ensangrentado del joven. Pero se mordió los labios y sacudió la cabeza. El joven continuó suplicando cuando los guardias se lo llevaron del tablado: “¡Os lo ruego! ¡Detened el último tren! ¡Os lo suplico!”

El rey se quedó callado e inmóvil hasta que, al cabo de un rato, los gritos cesaron. El rey miró hacia arriba y dio un vistazo al reloj de la cuenta regresiva: quedaban cinco minutos.

Cuatro minutos. Tres minutos. Dos minutos.

El útimo de los técnicos abandonó la plataforma.

Treinta segundos. Veinte segundos. Diez, nueve, ocho…

Mientras una bola de fuego envolvía la plataforma y el misil salía disparado, los espectadores instintivamente se alzaron en punta de pies; todos los ojos estaban fijos en la blanca llamarada que brotaba de los motores del misil que se dirigía a la montaña lejana. Las masas, el rey, los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, era como si en ese momento compartieran una sola conciencia, una misma experiencia: esa llamarada blanca que cruzaba las tinieblas, símbolo del espíritu humano, de sus temores y esperanzas… incrustándose en el corazón del mal. La silueta en el horizonte se tambaleó y cayó. Mil voces jubilosas se alzaron de las masas congregadas, y a ellas se unió pocos segundos más tarde el ensordecedor y prolongado estampido del monstruo al caer al suelo, como si la misma Tierra diese un suspiro de alivio. Tras siglos de opresión, la humanidad estaba libre al fin de la cruel tiranía del dragón.

El grito de júbilo dio paso a un himno de alabanza: “¡Larga vida al rey! ¡Larga vida a todos nosotros!” Los consejeros del rey, como todos esa noche, festejaban con alegría infantil; se abrazaban y felicitaban al rey: “¡Lo logramos!¡Lo logramos!”
Pero el rey respondió con voz entrecortada: “Sí, lo logramos, hoy hemos acabado con el dragón. Pero, maldita sea, ¿por qué comenzamos tan tarde? Pudimos haberlo hecho cinco, quizás diez años antes. Millones de personas pudieron haberse salvado.”
El rey descendió del tablado y se acercó al joven esposado, que se hallaba sentado en el suelo. Al llegar cayó de rodillas. “¡Perdóname! ¡Oh Dios mío, perdóname!”

Gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer, tornando el suelo en fango, empapando la capa púrpura del rey, y lavando el rostro ensangrentado del joven. “Lo siento tanto por tu padre,” dijo el rey.

“No es vuestra culpa,” replicó el joven. “¿Os recordáis, hace doce años, en el castillo? Aquel niño que lloraba y os pedía que le regresárais a su abuela – ése era yo. No podía saber entonces que no teníais posibilidad alguna de cumplir mi deseo. Hoy os he pedido que salvárais a mi padre, aunque era imposible hacerlo sin poner en peligro el lanzamiento. Pero habéis salvado mi vida, la de mi madre y la de mi hermana. ¿Cómo podré agradecéroslo?”
“Escúchalos,” dijo el rey, indicando con un ademán a la muchedumbre. “Me ovacionan por lo ocurrido esta noche. Pero el héroe eres tú. Tú lanzaste el grito. Tú nos uniste contra el mal.” El rey hizo señas a un guardia para que le soltara las esposas. “Ve ahora con tu madre y tu hermana. Tú y tu familia seréis siempre bienvenidos en la corte, y cualquier cosa que desees, si está en mi poder, te será concedida.”

El joven se marchó y el séquito del rey, apiñado bajo la lluvia, rodeó al monarca que seguía arrodillado en el fango. Entre las ropas elegantes, cada vez más estropeadas por la lluvia, se distinguían rostros empolvados que expresaban una mezcla de júbilo, alivio y azoramiento. Tantas cosas habían cambiado en una sola hora: se había reconquistado el derecho a un futuro sin limitaciones, se había extinguido un temor primordial, y se habían desbaratado muchas certezas inconmovibles. Sin saber qué se esperaba de ellos en esta nueva situación, se quedaron tentativamente en su lugar, como probando si la tierra seguiría sosteniéndolos, intercambiándose miradas y esperando algún tipo de señal.

Finalmente, el rey se incorporó y se limpió las manos en los costados de sus pantalones.

“Majestad, ¿qué hacemos ahora?” se atrevió a preguntar el cortesano de mayor rango.

“Queridos amigos,” dijo el rey, “hemos recorrido un largo camino… y sin embargo nuestro viaje recién comienza. Nuestra especie lleva poco tiempo en este planeta. Hoy hemos vuelto a ser como niños. El futuro se extiende ilimitado ante nosotros. Marcharemos hacia ese futuro e intentaremos hace las cosas mejor que en el pasado. Ahora tenemos tiempo: tiempo para hacer bien las cosas, tiempo para crecer, tiempo para aprender de nuestros errores, tiempo para el largo proceso de construir un mundo mejor, y tiempo para asentarnos en él. Que todas las campanas del reino repiquen hasta la medianoche, en conmemoración de nuestros ancestros muertos, y después de la medianoche celebraremos hasta el amanecer. Y en los días siguientes… ¡creo que habrá algunas cosas que reorganizar!”

***

MORALEJA
Las historias sobre el envejecimiento se han concentrado tradicionalmente en la necesidad de aceptarlo con serenidad. La solución recomendada para el menguado vigor y la inminencia de la muerte ha sido la resignación, acompañada por un esfuerzo por cerrar el círculo de los asuntos prácticos y de las relaciones personales. Dado que nada podía hacerse para impedir o postergar el envejecimiento, este enfoque tenía sentido. En lugar de quejarnos por lo inevitable, podíamos plantearnos como objetivo el alcanzar la paz interior.

Hoy nos enfrentamos a una situación diferente. Si bien no contamos aún con medios efectivos y aceptables para detener el proceso de envejecimiento , es posible distinguir direcciones de investigación que podrían conducir, en un futuro cercano, a desarrollar dichos medios. Las historias y las ideologías “muertistas” ya han dejado de ser fuentes inocuas de consuelo. Ahora son barreras inconsideradas y peligrosas que se interponen en el camino de una acción necesaria y urgente.

Varios distinguidos tecnólogos y científicos nos dicen que llegará el día en que será posible retardar, o incluso detener y revertir, la senescencia humana . Actualmente no existe acuerdo sobre la escala de tiempo ni sobre los medios específicos, ni existe consenso sobre la factibilidad en principio del objetivo. En relación con la fábula (donde obviamente el dragón representa el envejecimiento), nos encontramos en este momento en una etapa intermedia entre la predicción del sabio solitario que el dragón podría ser aniquilado algún día, y el punto en que los dragonólogos iconoclastas convencen a sus pares exhibiendo un material compuesto más duro que las escamas del dragón.
La argumentación ética general de la fábula es sencilla: existen razones morales obvias e imperativas para que la gente de la fábula se deshaga del dragón. Nuestra situación respecto de la senescencia humana es análoga y éticamente isomórfica con la situación de la gente de la fábula respecto del dragón. Por consiguiente, tenemos razones morales imperativas para deshacernos de la senescencia.

La argumentación no apunta a favorecer la extensión de las expectativas de vida per se. No tendría sentido añadir más años de enfermedad y fatiga al final de la vida. Los argumentos abogan por extender, tanto como sea posible, el rango saludable de la vida humana. Al retardar o detener el proceso de envejecimiento, se extendería la vida humana saludable. Las personas podrían mantenerse sanas, vigorosas y productivas a edades a las que, de otro modo, ya habrían muerto.

Además de esta moraleja general, podemos extraer varias lecciones específicas:

(1) Una tragedia recurrente se convirtió en una de las cosas de la vida, una estadística. En la fábula, las expectativas de la gente se adaptaron a la existencia del dragón, hasta el punto en que muchos eran incapaces de percibir su maldad. El envejecimiento también ha pasado a ser simplemente una “cosa de la vida”, a pesar de ser la causa principal de incalculables sufrimientos y muertes.

(2) Una visión estática de la tecnología. La gente argumentaba que jamás sería posible matar al dragón, porque todos los intentos previos habían fracasado. No tomaban en cuenta el desarrollo tecnológico acelerado. ¿No estaremos cometiendo un error semejante al subestimar las posibilidades de hallar una cura para el envejecimiento?

(3) La administración se convirtió en un fin en sí misma. Un séptimo de la economía se destinaba a la administración del dragón (que es la misma fracción del Producto Interno Bruto que los Estados Unidos gastan en salud). Al concentrarse exclusivamente en paliar los efectos, la gente acabó por olvidar la causa subyacente. En vez de poner en marcha un programa intensivo de investigación para detener el envejecimiento, financiado con fondos públicos, gastamos prácticamente todo nuestro presupuesto de salud en la atención médica y la investigación de enfermedades particulares.

(4) Se produjo una separación del bien social y el bienestar de la gente. Los consejeros del rey se preocupaban por los problemas sociales que podrían causar los antidragonistas. Decían que la aniquilación de dragón no produciría beneficio social alguno. En última instancia, sin embargo, el orden social existe para el bien de las personas, y en general es bueno para las personas que se les salve la vida.

(5) La falta de un sentido de las proporciones. Un tigre mató a un granjero. Una plaga de serpientes asoló una aldea. El rey acabó con el tigre y las serpientes, prestando así un servicio a su pueblo. Pero se equivocaba, pues sus prioridades no eran las correctas.

(6) Lindas palabras y retórica vana. El consejero del rey para asuntos morales se refirió elocuentemente a la dignidad humana y a la naturaleza de nuestra especie, usando principalmente frases textuales de sus homólogos contemporáneos . Pero la retórica no era sino una cortina de humo que ocultaba más que revelaba la realidad moral. Por el contrario, el testimonio incoherente pero honesto del niño apuntaba a lo medular del caso: el dragón es malo; el dragón destruye a la gente. Y ésta es también la verdad fundamental de la senescencia humana.

(7) Incapacidad de percibir la urgencia. Hasta bien adentrada la historia, nadie se da cuenta de lo que está en juego. Sólo cuando el rey observa el rostro ensangrentado del joven suplicante se aprecia la tragedia en toda su magnitud. Buscar una cura para el envejecimiento no es simplemente algo bonito que tal vez hagamos algún día, cuando estemos de ánimo. Es un imperativo moral flagrante y urgente. Mientras antes iniciemos un programa de investigación focalizada, antes veremos los resultados. Hay una gran diferencia entre obtener una cura en 25 años y en 24: como consecuencia, moriría más gente que la población actual de Canadá. En este ámbito, tiempo es igual a vida, a razón de 70 vidas por minuto aproximadamente. Cuando el contador procede a semejante velocidad, no hay tiempo que perder.

(8) “Y en los días siguientes… ¡creo que habrá algunas cosas que reorganizar!” El rey y su pueblo deberán enfrentar importantes desafíos cuando se repongan de las celebraciones. La sociedad en que vivían había sido condicionada y deformada en tal medida por el dragón que en su lugar ha quedado un vacío aterrador. Tendrán que echar mano de su creatividad, tanto a nivel individual como social, para generar condiciones que permitan que la vida, una vida floreciente, dinámica y significativa, se extienda más allá de los setenta años habituales. Afortunadamente, el espíritu humano se adapta con facilidad. Otro problema que podríamos enfrentar es la sobrepoblación. Tal vez la gente deberá aprender a tener menos hijos, y a tenerlos a una edad más avanzada. Tal vez se descubran formas de sostener una mayor población mediante el uso de tecnologías más eficientes. Tal vez se desarrollen naves espaciales y comience la colonización del cosmos. Dejemos por ahora que los longevos habitantes de nuestra fábula se las arreglen con sus nuevos desafíos, mientras nosotros nos preocupamos de progresar en nuestra propia aventura .

Friday, December 19, 2008

Soy CF con Hiperlinks

Cortesía de mi hermano, más que amigo, Alberto de Francisco, aka Naturopata.

Desde niño, cuando comencé a leer y vi la historia miserable de la raza humana, todas las penurias por las que pasaron nuestros antepasados y todo lo malo que había en el mundo, vi que mi vida era buena en comparación. Y vi que era gracias al ingenio humano, a la tenacidad y al valor de oponerse a la barbarie y al prejuicio que disfrutaba de esa vida. Vi que gracias a eso no era un vasallo feudal, ni tenía viruela ni polio y que mi madre podía trabajar fuera de su casa, que mi tío, negro, no era esclavo. La historia, iluso yo, parecía tener una progresión. Y se me ocurrió mirar al futuro tan brillante que pintaban los 60, luminoso, cromado, aséptico. Fue amor a primera vista, un amor que me ha acompañado toda la vida, un amor por una vida donde la enfermedad y el sufrimiento no existen, donde la discriminación es cosa de un pasado incomprensible, donde existen tecnologías avanzadas y aventuras inimaginables en la infinitud del espacio. Los libros fueron mi puerta no sólo a mares australes y piratas, a lo profundo de la jungla africana, al interior de mis vasos sanguíneos y a los gélidos vientos del polo norte, sino también al terrible vacío del universo, a las arenas de marte y las junglas de un venus que nunca fue.


Saliendo de las bóvedas de acero aprendí que hasta la eternidad tenía un fin. Luego, al ver los crueles amoríos que prodigaba la luna, y que las crónicas marcianas entonaban tristes pero esperanzados cánticos de una tierra lejana, decidí tomar mi traje espacial y viajar. Huí de campos de concentración y de odiosos genocidas. Perseguido por cuclillos e invasores de cuerpos viajé a través de las corrientes del espacio hasta capitales imperiales, antes de ser seducido por la anarquía de una cultura mentalmente mecánica, donde un jugador no es mal visto.


Hoy miro la ciudad y las estrellas, desprovisto ya de aquella fe de nuestros padres, no creyendo en oráculos ni en dioses, propios o extraños, esperando en esta estación de tránsito, con el fin de la infancia tras de mi. Entiendo que por fin he aprendido a ser yo, que las estrellas son mi destino y la humanidad mi patria. Sin embargo, aún añoro las verdes colinas de la tierra, aunque sepa que esta playa de acero no es infinita. Interminable tampoco es la guerra ni, tristemente, la paz.



Los desposeídos son mayoría en esta odisea del espacio, pero el día antes de la revolución habrá de llegar alguna vez. Lo único cierto es que es grande la tarea de crear las fundaciones de un valiente y nuevo mundo, donde puede que mañana seamos clones y hasta yo robot, junto a los hijos de nuestros hijos. Ninguna mujer nacida será jamás menos que un hombre, tendremos robots pero no imperios y nos desharemos de la tiranía del salario, púrpura o de cualquier color. Una mirada a la oscuridad basta para advertir el ojo en el cielo, junto a su mano izquierda, pero tengo confianza en que que algún día vamos a ser por siempre libres para experimentar las variaciones de la utopía, procurarnos máquinas de la alegría y entrar en la era del diamante, progresar, en un continuo accelerando hasta llegar al instante aleph y entonces, convertirnos en los hacedores de estrellas.

Saturday, December 13, 2008

Entrada 100: Mi Antiguo perfil de Cyberdark

En vista de que en Facebook hay un grupo CDK, recordé los viejos tiempos, las escaramuzas y los amiguetes de aquel resplandor naranja que me acompañó un trecho decisivo en mi vida. Resucité el cadáver virtual de aquellos tiempos, yendo al mausoleo de Archive.org e invocándolo con un par de clicks, impresionando las retinas con ese tono cálido de antaño.

Mi "país" era el Imperio Galáctico, el logo, El-Sol-y-la-nave-espacial tantas veces descritos en las novelas de Asimov. Es un síntoma del cambio de mis tendencias políticas (Mutatis mutandis) que si me tocara elegir un "país" ahora mismo aborrecería al Imperio y eligiría pertenecer a la Anarquía de la Cultura, o quizás, a un mundo tranquilo del Ecumen. Aquel cambio ocurrió en CDK, gracias a tantos topetazos ideológicos y debates sin fin que acabaron moldeando mi opinión.

Eché un vistazo a lo que mi yo de 21 años tenía que decir y no difiere mucho de lo que tengo que decir hoy en día, quizás un poco más ingenuo, pero el núcleo sigue siendo más o menos el mismo., a pesar de los cambios en tendencias políticas. He aquí mis citas favoritas de aquel entonces:

I close my eyes, only for a moment, and the moment's gone.

All my dreams, pass before my eyes, a curiosity
Dust in the wind,
all they are is dust in the wind.
[Kansas, Dust in the Wind]

I´m a million diferent people
from one day to the next
I can change my mold
[The Verve, Bitter-Sweet Symphony]

I want to be the minority
I don't need your authority
Down with the moral majority
Cause I want to be the minority
[Green Day, Minority]

You say you want a revolution
Well you know
we all want to change the world
You tell me that it's evolution
Well you know
We all want to change the world
But when you talk about destruction
Don't you know you can count me out

(...)

You ask me for a contribution
Well you know
We're doing what we can
But when you want money for people with minds that hate
All I can tell you is brother you have to wait
[The Beatles, Revolution]


How many times must the cannonballs fly
Before they are forever banned
How many years can some people exist
Before they're allowed to be free
How many times can a man turn his head
And pretend that he just doesn't see
How many years must one man have
Before he can hear people cry
How many deaths will it take till he knows
That too many people have died

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind
[Bob Dylan, Blowing in the Wind]

"Para mí es imposible sentirme emocionado por el país, porque la propiedad de la tierra no me interesa. Sin duda es una falla fundamental de mi personalidad, pero no puedo pensar en términos de fronteras. Esas líneas imaginarias me resultan tan irreales como los duendes y las hadas. Me resisto a creer que señalen el fin o el principio de nada que interese realmente al ser humano. Las virtudes y los vicios, los placeres y los dolores, cruzan las fronteras a su antojo."
[ Kurt Vonnegut Jr., Madre Noche.]



No quiero tener nada que ver con una religión que se ocupa en mantener a las masas satisfechas de vivir en el hambre, la suciedad y la ignorancia. No quiero tener nada que ver con ningún orden religioso o de otra clase que no le enseñe a la gente que son capaces de ser más felices y más civilizados, en esta tierra, capaces de transformarse en un hombre verdadero, amo de su destino y capitán de su alma. [Jawaharlal Nehru]

Ubi dubium ibi libertas
Donde hay duda, hay libertad
Heráclito afirmo "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos" y esto parece ser una confirmación de aquella máxima. Gracias, amigos, por leerme a lo largo de ya 100 entradas.

Friday, December 12, 2008

Tecnoliberación: ¿Mundo por venir o simple espejismo?

Un astrónomo aficionado descubre cráteres de impactos meteóricos desconocidos en el norte de África... sin salir de casa, usando el Google Earth.

Un grupo de fineses aficionados a la Ciencia Ficción hace una parodia de Star Trek cuyos efectos especiales no tienen nada que envidiar a los parodiados.

Un grupo internacional de criptógrafos descifra, más de 60 años después, ciertos códigos de Enigma, la máquina criptográfica de las fuerzas del Eje, usando como herramienta la computación distribuida a través de Internet.

Se organiza en el MIT una competencia de Biología Sintética, una especie de lego molecular donde equipos de estudiantes de Europa y EEU construyen organismos a la medida para los fines más diversos: desde bacterias que funcionan como película fotográfica hasta bacterias que sirven como superficie de escritura deleble, pasando por otras que forman "cables" conductores de señales químicas.

El creador de una nueva técnica de construcción de nanomateriales mediante el uso de ADN afirma que su técnica es tan simple que podría ser usada por jóvenes para sus fines.

Organizaciones estimulan el desarrollo de la red Wi-Fi en los Andes peruanos a fin de transmitir podcasts con consejos agrícolas en las lenguas tradicionales.

La revista Nature publica un estudio donde afirma que la Wikipedia, la Enciclopedia Libre, es tan precisa como la venerable Enciclopedia Británica en lo que respecta a términos científicos.

A primera vista los hechos enumerados anteriormente no tienen mucho en común, salvo el uso de las nuevas tecnologías. Sin embargo, analizados desde más de cerca se hace evidente un patrón: Organizaciones no dependientes del gobierno ni de grandes corporaciones, pequeños grupos con intereses comunes e inclusive individuos aislados están usando los avances tecnológicos de nuevo cuño de manera inesperada por sus creadores, con resultados asombrosos y de gran relevancia a distintos niveles. Desde el mero entretenimiento hasta la creación de nuevas ramas de la industria y procesos con un gran potencial comercial y aplicaciones de gran importancia en el día a día, los individuos y los grupos pequeños han comenzado a hacerse presentes en terrenos anteriormente reservados a los ricos, los poderosos y los protegidos de la industria y el estado, quienes eran los únicos con recursos suficientes para emprender investigaciones y proyectos de gran calibre. Sus armas son teclados, ADN recombinante, redes y mucho ingenio, sus creaciones y sus ideas se esparcen por todo el mundo y sus fines son tan diversos como la vida misma. La doctrina de la Tecnoliberación, acuñada por el escritor australiano Greg Egan como un movimiento político ficticio en su obra El Instante Aleph, a diferencia de mucho del discurso tradicional de los movimientos antisistema, propugna el uso de la tecnología como herramienta de emancipación y de lucha contra los poderes establecidos, no como un instrumento de dominación: El nombre del término va en dos direcciones, pues apunta no sólo a liberar usando la tecnología, sino también a liberar la tecnología en si de las manos de los pocos que actualmente tienen acceso a la misma de modo creativo y no sólo a sus productos manufacturados.

En el campo de la informática esto no es ninguna novedad. El movimiento del software libre ha estado con nosotros durante bastante tiempo, el meme del hacker adolescente también. Sus repercusiones sociales son ya evidentes, desde la actualización periódica de los antivirus hasta el impacto de los nuevos tipos de licencias creados para la administración de la propiedad intelectual, distintas al tradicional Copyright. Por otra parte, las acciones represivas, exageradas y violatorias de derechos elementales por parte de instituciones dedicadas a la supuesta protección de los derechos de autor (Muchas veces en realidad se dedican al lucro de los famosos de turno), como el caso de la SGAE en España1, han conseguido difundir de manera extraordinaria dichos tipos de licencia, amén de los planteamientos en que están basadas. Así pues el movimiento del software libre ha adquirido relevancia más allá del ámbito de la informática, llegando incluso a influir en la política interior de ciertos países2.

El que el enfoque que plantea el movimiento del software libre se haya originado en la informática no es una casualidad. La informática es una tarea esencialmente mental y en los países desarrollados las computadoras son ubicuas desde hace rato. No se requieren grandes recursos para desarrollar avances en desarrollo de software, en comparación a lo requerido en otras áreas. Hasta ahora.

En la biología el compartir tampoco es nuevo. Norman Borlaug desarrolló variedades de trigo y de maíz con un rendimiento extraordinario, variedades que son hoy en día la base de gran parte de la agricultura mundial y que hicieron posible el incremento poblacional creado por la Revolución Verde, y las puso a disposición de las naciones más pobres del mundo. Campañas masivas de vacunaciones han puesto fin a la viruela y están en vías de extinguir la poliomielitis. Las tendencias mercantilistas observadas en los últimos años de patentar genes y organismos son relativamente nuevas, si bien se han convertido en mayoritarias, sin embargo, ha surgido aún más recientemente una corriente de “Biología de Código Abierto”, basada en licencias intelectuales análogas a las empleadas en el desarrollo del software, estas iniciativas ya han dado frutos en forma de nuevos métodos de transformación genética de plantas y en forma de la creación de una base de datos de “biopartes” de libre acceso formada por genes estructurales y reguladores y que permite, al combinarlos, la creación de bacterias específicamente diseñadas y con características asombrosas que van más allá de la ingeniería genética más tradicional. Existen institutos como el BIOS (Iniciativa Biológica para la Sociedad Abierta) y el NOSI (Red para Iniciativas Científicas Abiertas) cuyo único fin es el desarrollar técnicas de ingeniería genética nuevas, libres de patentes y adaptadas a investigadores con pocos recursos, de tal modo que sean usadas en países en desarrollo para crear variedades acordes a la economía y condiciones locales, en lugar de usar la biotecnología enlatada y costosa que proviene de las grandes corporaciones y muchas veces no provee una solución adecuada a problemas de índole local.

En el campo de las bebidas, ya el clásico juego de palabras usado por los defensores del Software Libre ha perdido actualidad: It’s free like in free speech, not like in free beer, expresión que aprovecha el hecho de que en inglés ‘libre’ y ‘gratis’ se escriben del mismo modo. Un grupo de estudiantes daneses ha creado la primera “cerveza libre” del mundo, cuya receta está disponible en Internet para aquellos dispuestos a emularla. El proyecto OpenCola ha desarrollado una cola de código abierto, similar a otras bebidas, la receta de esta cola puede ser usada incluso con fines comerciales siempre y cuando se cite su fuente. Es evidente que la filosofía del código abierto comienza a abrirse paso en el mundo físico y a adquirir relevancia social más allá del ámbito de la computación. Existen proyectos de investigación biomédica de código abierto, que esperan crear a mediano plazo nuevas drogas contra las llamadas enfermedades olvidadas, enfermedades actualmente intratables de modo satisfactorio debido a que no se invierte casi nada en ellas por afectar mayoritariamente a países pobres; Estas drogas, creadas mediante la colaboración de laboratorios de todo el mundo, estarían libres de patentes y por lo tanto disponibles a costos que permitieran su adquisición por parte de los más desposeídos. La idea no es descabellada, ya existen artículos académicos que la promueven, y nuevos métodos en biología y química computacional aunados al crecimiento de la información genómica y proteómica de los organismos, permitirán un desarrollo de drogas in silico, es decir, asistido informáticamente. Estos proyectos no son una posibilidad futura. Ya existen y se desarrollan fármacos mediante el modelo PPP (Sociedad Pública-Privada) mediante colaboraciones entre las grandes farmacéuticas, laboratorios de investigación y ONGs dedicados a enfermedades tropicales, sin embargo existen quienes quiere llevar este modelo más allá y hacer partícipe no sólo a individuos específicos y predeterminados, sino a todo aquel con las ganas y el conocimiento necesarios para la tarea. La compañía suiza Novartis, una gigante farmacéutica no precisamente amante de la filosofía open source, ha decidido liberar datos de expresión genética de pacientes de Diabetes Tipo II, ya que la cantidad y complejidad de datos disponibles supera con mucho la capacidad de análisis de la que dispone la compañía y por lo tanto el liberarlos aumentará las posibilidades de sacar provecho de los mismos.

Es evidente que esta tendencia ha comenzado a incursionar con cierto éxito en el mundo físico, los casos anteriormente nombrados no son aislados, sino que constituyen la punta del iceberg de esta fenómeno. Ciertamente muchos de los esfuerzos realizados no poseen un futuro brillante, no todos serán capaces de entregar frutos tangibles. Sin embargo el solo hecho de su existencia ya constituye una experiencia de la cual es posible aprender. Eventualmente encontraremos qué funciona y qué no en este tipo de iniciativas, como en todo campo emergente, es necesario un proceso de aprendizaje por ensayo y error.

Puede preguntarse el lector si todo esto no es más que una gran cortina de humo destinada a satisfacer la conciencia de una élite intelectual, una actitud grotescamente masturbatoria que en nada beneficia a quienes más lo necesitan, pero que mantiene entretenidos a unos cuantos privilegiados a la vez que satisface sus egos. Nada más lejos de la verdad. El continuo descenso de precio en ciertas tecnologías ha conducido a su democratización, a su uso masivo, como evidencia el hecho de que hoy ya la mitad de la humanidad usa teléfono celular, apenas a 26 años del lanzamiento de dicha tecnología, dentro de poco termocicladores baratos (máquinas de amplificación de ADN) permitirán el uso extensivo de diagnósticos moleculares a precios irrisorios, asequibles incluso a los estratos más pobres de la población mundial y la iniciativa “Una Laptop Por Niño” promete la posibilidad de computadoras portátiles para uso educativo a un precio inferior a los 200 USD y que descenderá a medida que se abarate la tecnología.

Por otra parte, la innovación no siempre proviene de un sector con entrenamiento tecnocientífico, en ocasiones puede provenir de las comunidades que enfrentan un problema soluble con herramientas de alta tecnología. Así, los campesinos de Gujarat, en India, que usando una variedad transgénica de algodón resistente a plagas, creada por la compañía Monsanto, bestia negra del ecologismo, han desarrollado mejores variedades de algodón, cruzando las variedades de algodón tradicionales, adaptadas a las condiciones locales, pero sensibles a las plagas, con la variedad transgénica de Monsanto, resistente a las plagas pero inadecuada para las condiciones de Gujarat. Los campesinos gujaratíes quebrantaron tanto la propiedad intelectual de Monsanto como la prohibición del gobierno hindú del cultivo de organismos transgénicos, siguiendo los consejos alarmistas de activistas excelentemente nutridos del primer mundo y sus seguidores locales. Así, estos campesinos desafiaron tanto al Estado como a la Empresa Privada y tuvieron éxito al hacerlo. Las nuevas variedades por ellos desarrolladas tienen un rendimiento mayor tanto al de las variedades tradicionales como al de la variedad BT de Monsanto, se venden a precios mucho menores que la variedad BT y aunque en el papel una gran parte de los campesinos sea culpables de violación de propiedad intelectual y de las leyes en contra de los transgénicos, los rendimientos son tan espectaculares y tanto el número de “infractores” que tanto el gobierno indio como Monsanto han desistido de perseguirlos judicialmente. A pesar de los escenarios de pesadilla pintados por ciertos ambientalistas nada extraño o catastrófico ha sucedido hasta ahora y los gujaratíes son más prósperos, debido a su uso creativo de la tecnología, aplicando su ingenio innato. No es necesario ser un científico para usar herramientas tecnológicas de modo creativo, productivo y benéfico.

Un nuevo mundo nace y crece ahora mismo. Un mundo en el que la visión tecnológica ya no es patrimonio de una minoría, un mundo donde grupos se conectan sin barreras geográficas para resolver problemas comunes y donde resolver estos problemas es progresivamente más barato, un mundo donde cada vez más gente tiene las herramientas para encarar los inconvenientes que encuentra y donde gran cantidad de experticia está disponible en línea. Alguna vez se pensó que el leer y escribir eran actividades para las cuales sólo una minoría estaba dotada, individuos selectos de gran inteligencia. Hoy sabemos que esto no es así y tal noción nos parece ridícula y denigrante. El día de mañana veremos que lo mismo pasará con el emprendimiento tecnológico, después de todo el éxito de nuestra especie se basa en nuestra inventiva y si bien no todos somos genios, la colaboración de muchos puede producir resultados asombrosos. La tecnología no es enemiga del cambio social ni es inherentemente dominadora, al contrario, sólo empleando estas herramientas podremos lograr un mundo más justo para todos, donde el derroche del recurso más precioso que posee la humanidad, el ingenio, ya no sea la norma, donde miles de millones no padezcan las consecuencias del uso miope y egoísta de la tecnología, un mundo donde la tiranía no tenga cabida y la educación crítica haga imposible el ascenso de populistas encantadores de serpientes.

¿Una utopía irrazonable? Sí, sin duda alguna. Pero recordemos que los no razonables son quienes no se ajustan al sistema e intentan cambiarlo (de manera racional, en este caso). Enarbolemos pues los teclados, las polimerasas y los celulares junto al arado, la probeta y la pluma, conectémonos en redes para lograr un mundo más justo.

Tuesday, December 02, 2008

Canción del Universo: Un tierno recuerdo de la infancia

Bueh, no de la infancia, pero casi.
13 años después me sigue conmoviendo. Y mi hermano menor tiene que verla.

Sunday, November 23, 2008

Lo que los chavistas no quieren que Ud. vea: las tetas de la virgen María


Una de las obras del artista Nelson Garrido que fue víctima del vandalismo en la UCV.

Saturday, November 22, 2008

Búsquedas Prohibidas, otro nuevo blog

En estos días extraños que vivimos a principios de este siglo XXI, glorioso y horripilante, a partes iguales, hay muchas cosas que están cambiando. La revolución (y no hablo de la bolivariana) está entre nosotros y nuestras vidas cambian día a día, con consecuencias a nivel personal, regional y global. Como en toda revolución tecnológica, hay quien gana y quien pierde y se sienten los estertores de la muerte, pero al mismo tiempo los dolores del parto de un nuevo mundo. Aquellos que dependen del poder basado en la ignorancia, en el temor y en la desinformación tratan de hacer lo posible para contener Internet y las comunicaciones globales, para evitar que la luz traspase las vendas con las que someten a millones, y a veces no sólo buscan censurar información en Internet, sino negarnos a millones de ciudadanos globales y conscientes el derecho a criticar sus prácticas bárbaras y miserables, con excusas como el respeto a sus religiones, a sus peculiaridades culturales o a su soberanía nacional. Así, Arabia Saudita y otros países musulmanes tratan de imponer en la ONU declaraciones donde se considera un crimen de odio el criticar al Islam y tratan de hacer valer su derecho a no sentirse insultados mientras cercenan nuestro derecho de criticarlos en nuestros sitios de origen. Que los derechos de mujeres, homosexuales y no musulmanes sean rutinariamente violados en muchos de estos lugares pasa desapercibido a los ojos de estos piadosos líderes cuyo lema parece ser A Dios rogando y a los infieles con el mazo dando. Afortunadamente no todos los musulmanes son así y tenemos a valientes moderados como Irshad Manji, que promueven la disidencia y el diálogo, gente que entiende que la información ha de ser libre y la religión una elección sin coerción.

Otro grupo de gente no entiende la naturaleza de Internet y en un intento de proteger su privacidad, su buen nombre o sus sucios secretos tratan de conseguir que mediante un decreto el gobierno elimine links o prohíba sitios, sin comprender que dada la naturaleza distribuida y descentralizada de la Red aunada a la terquedad y pasión por la libertad que tenemos Hackers y Geeks, siempre hará posible que hayan puertas traseras a la información “prohibida” y que todo intento de prohibición y ocultamiento termina atrayendo mucha más atención e indignación, hiriendo reputaciones y haciendo más daño que bien. El Banco Suizo Julius Baer trató de prohibir el acceso al sitio Wikileaks, especializado en liberar información confidencial en aras de la transparencia. Lo único que lograron fue eliminar el acceso a uno de los dominios del sitio, dejando intacta la dirección IP y múltiples réplicas. En menos de 24 horas la noticia dio la vuelta al mundo y atrajo aún más atención sobre las repugnantes prácticas del banco. En un caso parecido, un diputado izquierdista alemán citado en la Wikipedia como antiguo agente de la Stasi, la policía secreta de Alemania Oriental, logró por la vía judicial el bloqueo de el sitio wikipedia.de, actuando precisamente como un agente de la Stasi, suprimiendo aquello con lo que no estaba de acuerdo y logrando antipatía mundial y un escrutinio aún más profundo de sus anteriores actividades, un elevado precio a pagar por bloquear uno solo de los dominios de la Wikipedia teutona, que siguió siendo accesible a pesar de la orden judicial. En Argentina, un grupo de celebridades y personajes variopintos ha forzado a Google a bloquear el acceso a ciertos websites sobre sus personas, de la mano de un abogado especializado en este tipo de demandas. No está claro qué se logra en este caso salvo bolsillos abultados para el abogado, ya que existen múltiples métodos de acceder a esta información, indexada sin duda en otros buscadores. Si bien el derecho a la privacidad y a una reputación basada en hechos (que puede ser buena o pésima) y no en habladurías deben ser respetados, también es claro que las demandas legales y la censura de contenidos NO son la vía de hacer valer estos derechos y tienen el inconveniente de molestar a mucha gente y llamar la atención sobre lo que se pretende esconder.

El mundo ha cambiado y echar tierra sobre lo que está en la red ya es una proeza sumamente difícil. Acciones como demandas, juicios y otros sólo demuestran desconocimiento sobre el modo en que funciona no sólo Internet sino la mente humana, es desdeñar la curiosidad, el sentido de justicia y la indignación, la rebeldía a las decisiones impuestas sin motivos válidos. Este blog tiene como objetivo el arrojar luz sobre este tipo de intentos de censura, dar información y links a lo que no se quiere que se sepa, es un esfuerzo de irreverencia, de negarse a doblegar, típico de estos tiempos. La tecnología nos da herramientas para rodear los bloqueos, desvíos para pasar sobre prohibiciones, un uso de servidores proxy, por ejemplo, nos permite entrar a sitios web prohibidos por nuestra red local, ya sea ésta la de la Universidad, el trabajo o el Gobierno. Herramientas como TOR nos permiten acceder a sitios bloqueados de manera anónima, para evitar represalias políticas, como en el caso de disidentes chinos. Este blog es también un también intento de educar y mostrar la futilidad de las acciones legales, Internet, al igual que el mundo físico, tiene sus propias reglas contra las que se podrá legislar, pero jamás ir en contra. Por más que lo quiera el Gran Hermano, 2+2 nunca será 5.

http://busquedaprohibida.blogspot.com/

Wednesday, November 19, 2008

Otra muestra del fascismo venezolano

Para los que siguen creyendo el cuento de la total perfección de la democracia venezolana y que la opresión del gobierno a sus opositores es simplemente una invención burguesa:


En esta casa, de nuevo ataca la sombra
Hoy martes 18 de noviembre, en horas de la mañana, un grupo de personas (identificables como universitarios solo por conveniencia topográfica, jamás por talante intelectual) destruyó la muestra fotográfica “Exposición Inédita sobre la Violencia”, compuesta por obras del artista Nelson Garrido –Premio Nacional de Artes Plásticas, mención fotografía- y exhibida en la Mezzanina de la Biblioteca Central de la UCV, como parte de las actividades previstas para la Semana del Estudiante
Es del todo alarmante que nuestra universidad sea escenario de una acción donde una pandilla de bravucones “guapos y apoyaos” decida destruir violentamente una exhibición artística, y uso estos calificativos porque, en coincidencia nada casual, desde el día lunes en la tarde –justo cuando se inauguró la exposición- una nota divulgada por la Agencia Bolivariana de Noticias (ver http://www.gobiernoenlinea.ve/noticias-view/ver_detalles.pag?idNoticia=85087 ó http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?14942), proclamaba la existencia de un supuesto rechazo de la comunidad universitaria frente a la muestra fotográfica, dando una visión absolutamente tendenciosa de lo que se presentaba allí e indirectamente anticipándose a justificar el acto vandálico de hoy martes.
Alarmantes son también los argumentos que expresa la mentada nota de la ABN, donde para referirse a las fotos de Garrido se aplican epítetos como: “aberración”, “abuso”, “vejación a la mujer y el hombre venezolano”, “apología a la violencia”, portadoras de “mensajes diabólicos”, burla de las “creencias venezolanas”, dar protagonismo a la “violencia sexual” y a la “aberración sexual”, y un largo etcétera de acusaciones parecidas. Como puede verse, el pretendido repudio masivo de los universitarios a esta actividad se justifica en base a un lenguaje, una perspectiva mental y un enfoque cultural claramente retrógrado e irracional, de similar estilo al que han cultivado todos los autoritarismos que en el mundo han sido. Recomiendo a los aficionados a los paralelismos históricos revisar las analogías entre la adjetivación que despliega la ABN y lo que decían los catálogos de las exposiciones de “arte degenerado”, organizadas en la Alemania nazi de la década de 1930 para denigrar del arte moderno, producto del complot judeo-masónico-bolchevique. También se pueden buscar las similitudes con lo que el camarada Zhdanov pregonaba en la Unión Soviética contra los artistas sospechosos de no comulgar con la bazofia del realismo socialista.
Vale reseñar que al momento de instalar la exposición ya se habían hecho presentes algunos de estos defensores de la moral y las buenas costumbres, a quienes el propio autor de las fotografías invitó a participar en un debate público sobre el tema de la muestra, previsto a realizar este miércoles a las 7 p.m. en la Sala E. Supongo que eso de invitar a una discusión reflexiva, como se estila en el medio universitario, fue un insulto insoportable para gentes cuyo horizonte cerebral se encuadra entre consignas de tan alto calado cognitivo como “patria, socialismo o muerte” u “ordene, mi comandante, ordene”, de modo que hicieron saber su respuesta del modo que apreciamos en la mañana de hoy.
Afortunadamente, frente a la agresión ha ocurrido una pronta replica en cuanto a reponer las fotografías destruidas o robadas (lo cual se estaba haciendo esta misma tarde), pero mas contundente y universitaria como respuesta será una masiva asistencia a observar la muestra, pues en este caso se ha retado a la comunidad ucevista en cuanto a si tolera que unos pocos nos impongan la crítica de la fuerza, negando al colectivo su derecho y deber de ejercer la fuerza de la crítica.
Finalmente, quiero invitar a la colectividad de la UCV (y muy especialmente a quienes se incomoden, disgusten, molesten o fastidien con las fotos de Garrido) al Foro sobre la Exposición y su temática que se realizará este miércoles 18, a las 7 p.m., en la Sala E del Edificio de la Biblioteca. Allí se podrá discutir razonadamente sobre el asunto, claro está o siempre y cuando el ejercicio del raciocinio no resulte demasiado ajeno a quienes se han acostumbrado a pasársela “rodilla en tierra”…
Nelson Méndez - Profesor Titular
Facultad de Ingeniería / UCV

Wednesday, November 05, 2008

Por qué no emigro: confesiones de un apátrida absurdo e inmune a la nostalgia.

Luego de más 3 meses en tierras imperiales debo decir que mis sospechas se cumplen. No siento nostalgia, morriña ni saudade alguna. Por supuesto, pronto volveré al terruño, he de retornar a casa. Por supuesto, hay cosas que extraño, hay gente que me hace falta, pero igual, toda la gente que quiero no está en el mismo sitio. A mi familia la veo poco, y eso no cambiará porque esté a 5 horas en coche en lugar de 6 horas de avión. No, no he tenido ganas horrorosas de comer arepas y cachapas, no tengo antojo de mondongo, y el dulce de leche que prepara mi abuela es una delicia que hace eones no pruebo. El jugo de parchita hace notar su ausencia, pero hay cosas que lo compensan.

Tres meses no son nada. Lo sé. Pero son suficiente tiempo para entender que no miraré hacia atrás anhelando un pasado mágico. Suficiente para saber que si tengo que partir, no derramaré una lágrima por Venezuela, aunque extrañe cosas y personas concretas y particulares. Cuando me fui de Valera a Mérida, no sentí sino alegría y siendo sincero, no extraño Valera en lo más mínimo, a pesar de que tanta gente querida, estimada e incomparable vive allá.

Quizás mi incapacidad de sintetizar un microcosmos idealizado a partir de mi experiencia personal es lo que hace imposible que sienta patriotismo o regionalismo. No puedo abstraer un grupo de gente y circunstancias agradables a una región o a un país, no puedo dar el salto de la parte al todo, no puedo homogenizar y hacer continuo lo que en mi mente es particular y discreto. Tampoco puedo restringir la nostalgia exclusivamente a un pasado glorioso siempre mejor que el presente y localizado en confines geográficos estrechos. Siento nostalgia de sentir el frío invernal en Buenos Aires, de aquella puesta de sol en el Jardín Japonés, de los sandwiches en Las Violetas, de pasear un pitbull en las calles de San Francisco con niebla, de aquella discusión transhumanista bajo el cielo de verano en Chicago, así como también de aquellos paseos en bicicleta por una de las siete colinas que definen Valera, de las tardes de amor en las plazas de Mérida y del olor de la lluvia en mi facultad mientras tenues rayos de luz atraviesan la neblina. Sentir nostalgia de tantas cosas no implica la necesidad loca y visceral de hacer mi hogar de todos aquellos sitios. Lo mismo con “Venezuela”, esa entelequia de la que conozco poco y que no puedo amar como amo cada uno de mis pequeños instantes, de mis preciosos recuerdos desperdigados por toda América.

Ahora bien, resulta extraño después de este discurso cosmopolita, después de hacer alarde durante años de mi anti nacionalismo y anarquismo, de mi amor a la humanidad y desprecio al chauvinismo, de mi ira y desesperación en huir del atraso y la barbarie, de mi anhelo de una vida mejor, que ahora diga que no pienso emigrar, excepto circunstancias extraordinarias. Me pienso quedar en Venezuela, pero no porque no pueda vivir sin el café con leche o las arepas, no porque no pueda contemplar la vida sin mi madre y mi abuela, no porque la sociedad venezolana me parezca lo mejor que existe. Al contrario, sigo disfrutando de los sabores exóticos, puedo vivir sin estar apegado a mi familia y confieso sin dudarlo que gran parte de la idiosincrasia venezolana me causa nauseas. Me pienso quedar porque he decidido hacer con mi vida algo productivo y práctico. Si bien la biología teórica es muy divertida y eventualmente puede arrojar resultados fantásticos, por ahora mi campo de trabajo ofrece poco impacto y el problema que trato de resolver es interesante, pero demasiado abstracto.

Existen miles de avenidas posibles al desarrollo de mi investigación, miles, literalmente, de caminos por las cuales mi vida puede discurrir en un perpetuo frenesí intelectual, contribuyendo creativamente al avance de la gigantesca empresa humana de expandir la esfera de nuestro conocimiento. Algunos de estos caminos son más abstractos que otros. He tenido la fortuna de vislumbrar un camino donde mi mente puede ponerse al servicio de una causa interesante, con frutos visibles a mediano plazo y con un impacto social positivo. Más importante, este camino que he decidido seguir está de acuerdo con las convicciones que he adquirido a lo largo de estos años acerca del papel de los individuos en la sociedad, su autodeterminación y la necesidad de independencia y autonomía como vía a una mejor sociedad, donde ni la mayoría ni el gobierno se inmiscuyan ni coaccionen, pero donde al mismo tiempo las necesidades básicas estén cubiertas y exista igualdad de oportunidades. Entiendo que suena grandilocuente y ridículo, arriesgado, absurdo, utópico. Pero ya dijo Benedetti que la Utopía sirve para caminar siempre un paso más allá. El construir herramientas biotecnológicas baratas y de fácil uso para la resolución de problemas particulares es necesario para luchar contra las estructuras de poder existentes, contra los monopolios, contra la coacción por hambre. Digan lo que digan los pseudorevolucionarios y los primitivistas, la tecnología no es un medio de dominio, es una herramienta que puede ser usada para luchar contra el corporativismo, contra la opresión, para afirmar nuestra independencia, nuestros valores. El “retornar” a la sabiduría chamánica de nuestros ancestros o al conocimiento natural no es la salida, así como no les permitió a nuestros ancestros el resistir a la viruela traída por nuestros otros ancestros, los europeos. Significa deshonrar las grandes culturas americanas el negarse a reconocer el papel de la tecnología y el ingenio en sus creaciones y reemplazarlo por un misticismo mal entendido y almibarado.

He visto con mis propios ojos el desarrollo de una herramienta biotecnológica maravillosa, si somos afortunados y trabajamos duro, la primera de muchas, creada en el laboratorio en el que trabajo. En vista de que en Venezuela y en mucho del mundo no desarrollado, las regulaciones concernientes a la biotecnología son mucho más laxas que en Europa y EEUU, he decidido quedarme y colaborar con este equipo maravilloso que frente a problemas de toda índole ha logrado construir un producto eficiente, con pertinencia social, barato y de alta tecnología. La adversidad no escasea en mi laboratorio, pero el ingenio es más fuerte. Implementar estas nuevas soluciones es mucho más plausible acá que en otros sitios debido a las regulaciones ya mencionadas, lo que justifica el quedarme acá en lugar de ir a pastos definitivamente más tiernos.

La decisión no fue fácil, renuncio a mucho al quedarme. Me expongo a riesgos inexistentes en otros sitios y pierdo oportunidades por mi codiciadas, amén de todas las nuevas experiencias que quedan descartadas. Pero si emigro, pierdo una oportunidad única de usar mi mente para algo útil, para algo más que una abstracción matemática astuta, divertida, pero irrelevante, para finalmente contribuir a la Tecnoliberación, aquella idea de Egan, tan hermosa que no merece quedarse en las páginas de “El Instante Aleph”, sino llevada a la realidad. En el mundo en que vivimos innovar es más fácil y barato que hace medio siglo y progresivamente lo será más aún. Si puedo contribuir así sea con la construcción de esta visión, seré profundamente feliz, mucho más plenamente de lo que sería paseando por los campos eliseos, vegetando en un parque de Amsterdam, o en la soledad de una colina escocesa, por mucho que odie la delincuencia, la política local y la continua falta de respeto y sentido común exhibida por mis tantos de mis conciudadanos. No hace falta patriotismo alguno para quedarse en Venezuela, aunque sea sustituyendo un ideal por otro.

Adiós, Europa. Espero verte algún día.